Nos jode a todos y encima se ríe. Andrea Fabra, diputada insignificante de un parlamento insignificante, sometido, como todos los demás parlamentos mundiales, a las voluntades de los mercados, ha dado prueba de por qué los ciudadanos ya no nos creemos nada de los políticos.
Andrea Fabra es una política, lo que equivale a decir una persona que nunca ha dado un palo al agua, hija de un político, una persona que trabajar, lo que se dice trabajar, no sabe ni lo que es, y se permite el lujo de reírse de los parados y de insultar a los que trabajaron y que a su pesar el trabajo lo perdieron. Se permite el lujo de reirse en la cara de 5.000.000 de españoles, los mismos, la hayan votado o no, que le están pagando el sueldo a ella y al otro parásito de su padre: otra cara inolvidable.
Andrea es digna hija de su padre, Carlos Fabra, ex presidente de la Diputación de Castellón y abanderado del aeropuerto más ridiculo de Europa y no por económico, sino porque no funciona!
Así y todo Andrea Fabra es la más digna representante de una clase política indigna e indignante. Una clase política cada vez más alejada de los problemas de la sociedad, que se parece cada vez más a una casta, con claros ejemplos de nepotismo (se pasa el testigo de padre a hijo), sin respeto para nada ni nadie, egoísta, obtusa, interesada sólo en las luchas de poder. Una clase política en fin inútil.
Una clase política que vive parasitariamente de los ciudadanos a los que no presta ningún servicio: una clase política que nos jode y encima se ríe de nosotros.
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