viernes, 27 de enero de 2012

MEMORIA SELECTIVA Y HOLOCAUSTO JUDÍO

Hoy es el día de la Memoria (Dia Internacional de Recordación del Holocausto), establecido por Naciones Unidas el 1º de noviembre de 2005. Se eligió el 27 de enero, ya que un 27 de enero de 1945 el ejército soviético liberó el mayor de los campos de concentración-exterminio nazis: Auchwitz-Birkenau, el que sería el símbolo del Holocausto judío, gracias también a películas como Shindler’s List del director judío Steven Spielberg. Uno que, como muchos otros, con el holocausto se ha forrado. En este sentido no estaría de más leer a La industria del holocausto, un ensayo crítico escrito por el profesor judío Norman Finkelstein.

La memoria siempre es selectiva y lo que hoy se recuerda ayuda a olvidar muchas cosas. Debo decir, en primer lugar, que estoy convencido de que la cifra de 6.000.000 de muertos es absolutamente inventada y que probablemente dista mucho de la cifra real. También debo admitir que no me interesa demasiado el número en sí, ya que un puñado apenas de muertos asesinados por su creencia religiosa, etnia, el color de su piel, o la lengua hablada, inclinación sexual o nivel socio-económico sería suficiente para escandalizarme. Así que 6, 6.000 o 6.000.000 lo mismo me da. Pero no olvido que el número “seis millones” impresiona mucho y es de por sí solo todo un argumento en favor de la propaganda sionista.

Este punto llevará muchos a pensar que soy un antisemita, como hacía ese compañero mío (judío) de la universidad, para el cual toda crítica al estado de Israel o a la vulgata era un claro índice de antisemitismo. El mismo imbécil no encontraba el más mínimo indicio de “antipalestinismo” en el comportamiento de los israelianos que discriminan a los palestinos por su creencia religiosa y su etnia.

Como habréis entendido estoy claramente en contra de las actuaciones del estado de Israel, pero sin ser antisemita ni odiar a los judíos, ya que creo posible estar en contra de sin ser anti. Simplemente critico algunas de las actuaciones de Israel y, obviamente, el uso estratégico que Israel y los judíos del mundo entero hacen del Holocausto, como una excusa para deslegitimar toda crítica o reproche y para justificar toda actuación hacia o contra otros pueblos.

Debo decir que tengo mis dudas sobre la legitimidad del estado de Israel, fruto de un fraude histórico, legitimado por las cenizas de una tragedia y obtenido con la violencia, ya que, por extraño que pueda parecer ahora, también los judíos ponían bombas para alcanzar sus fines (tener un estado), y tenían también terroristas, aunque ahora les llamen “patriotas”. Pero las cosas son así y las acepto.

Lo que sí digo es que, ya que no se pueden cambiar las cosas (¿dónde meteríamos a los judíos? ¿en Madagascar?), al menos podemos mejorarlas y no aceptarlas sin más. Por ejemplo sí se puede pensar razonablemente que los judíos vuelvan a los confines de 1967, ya que, dicho sea de paso, así lo establece también una resolución de Naciones Unidas. Esto es bastante importante, ya que la Organización de las Naciones Unidas no es un organismo con claros intereses o tendencias antisemitas, por mucho que los judíos se quejen y muy a pesar de que por fin, en 2011, una costilla de ONU como es UNESCO, haya aceptado entre sus miembros a Palestina. Así que Israel podría dejar de colonizar y volver a los confines de 1967. Y de paso podría dejar de violar regularmente los derechos humanos en Palestina.

Solo un sionista o un ciego podrían no ver el acoso al que Israel somete a Palestina. Muros, violencias, segregación, malos tratos, torturas, explotación, marginalización, racismo, en fin, lo mismo que el Holocausto, solo que a una escala más pequeña y sin la organizada especialización que sólo los alemanes podían imaginar y realizar. Hay violencia física o simbólica incluso contra los que ayudan a palestina y a los palestinos, como demuestra el asalto en aguas internacionales a la flota de la libertad que transportaba ayudas humanitarias a Palestina. Israel ha encontrado un argumento incontrovertible en el antisemitismo (algo que por cierto se ha vuelto una verdadera paranoia): cualquiera que diga algo en contra de Israel, es antisemita. De este modo se condenan y desautorizan de antemano cualquier duda o críticas sobre su comportamiento. No dudo de que existan algunos imbéciles que de verdad sean antisemitas, pero, aunque el pueblo de Israel sea “el elegido”, incluso los “gentiles” tenemos un poco de cabeza, y tratarnos a todos como imbéciles antisemitas, sería como si tratásemos a todos los judíos como agarrados usureros.

Otro argumento que esgrimen siempre los defensores de Israel delante de las críticas es que es el único estado democrático en Oriente Próximo. Esto es cierto, pero a mitad.

Es cierto que los estados árabes brillan TODOS por la falta absoluta de libertades individuales y que la democracia israeliana no tiene nada que ver con los gobiernos teocráticos que lo rodean. Pero Israel no es por ello una democracia menos teocrática. Es un país fundado sobre un nacionalismo religioso, donde los ortodoxos tienen un poder tremendo y no dudan en coger las armas (el caso del asesinato de Yitzhak Rabín es solo uno de los muchos ejemplos) o en violar las libertades individuales en nombre de un dios y de una verdad. El último y más sonado ejemplo de una serie infinita es la violencia hacia
Naama Margolese, una niña de 8 años, acosada, insultada y escupida por algunos extremistas debido a sus vestimentas consideradas inmorales.

Pero por mucho que los ortodoxos se disfrazasen de judíos presos de los campos de concentración (pijamas de rayas y estrella de David al brazo) para defenderse de las críticas recibidas y justificar su acción, no tienen perdón.

El gobierno de Israel y su política de “estado de guerra” permanente está empezando a cansar incluso a los propios israelianos: basta consultar en Internet los artículos que hablan de los
indignados israelianos, hartos de que los gastos militares necesarios para mantener la seguridad, otra paranoia israeliana y verdadero mito, justifiquen la reducción de los gastos sociales y unas violencias abominables hacia los vecinos árabes; una violencia tanto más odiosas en cuanto viene de quienes las sufrieron en sus propias carnes.

Por otro lado en la sociedad israeliana también hay muchos críticos con la
política exterior de Israel y hay preocupación hacia la percepción de Israel en el ámbito internacional: la reputación de Israel, pese a los varios Schindler’s List, está empeorando precipitadamente y los asaltos en aguas internacionales a las flotas solidarias pro-Palestina no ayudan nada. Israel es el estado peor valorado al mundo junto con Corea del Norte e Iran (encuesta de la BBC). Esta antipatía retroalimenta por cierto la paranoia antisemita de Israel, y refuerza su victimismo, lo que le permite no replantearse críticamente su política interior y exterior, sino mantenerla: colonización, segregación, victimismo, etc.

Callaré la histórica alianza de Israel con los EEUU, que le permite a Israel actuar en contra de las recomendaciones y las resoluciones de todos los organismos internacionales. Callaré que Israel tiene bombas nucleares, que tiene uno de los mejores ejército del mundo y uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo.

Lo que hoy estamos recordando no debe hacernos olvidar de los muertos negros, árabes, indios, kurdos, armenios, etc. debemos “desjudaizar” el holocausto para convertirlo en un recuerdo permanente de la violencia del hombre sobre el hombre, sustraerlo al control estratégico e interesado de Israel y de los judíos para convertirlo en patrimonio de la humanidad y usarlo en contra de todo genocidio, en contra del genocidio de judíos, gitanos comunistas, minusválidos y homosexuales cometido por los nazis, en contra del genocidio de indios cometido por los españoles en Suramérica, en contra del genocidio de negros cometido por los belgas en Congo, en contra del genocidio de Pielrojas cometido por los ingleses y americanos en Norteamérica, en contra del genocidio de armenios cometido por los turcos, etc. e incluso en contra del genocidio banal y continuado de los palestinos a manos de los judíos de Israel.

Memento.

viernes, 20 de enero de 2012

CORSARIOS SIN PATENTE

Detenido el jefe de las descargas, Kim Schmitz, dicen los titulares, como si se tratara del jefe de una mafia. A lo mejor lo acusan de violación a él también como hicieron con Julian Assange. Dicen los titulares y los medios que Schmitz se ha enriquecido, como si en este mundo donde todo tiene un precio y todo se vende y se compra fuera un delito enriquecerse. Como si artistas, productoras y distribuidoras de música y radio y TV no se hubieran enriquecido hasta ahora. Me pregunto cuál es el problema si Schmitz se ha enriquecido, dado que, por lo menos, se ha enriquecido permitiendo a otros acceder gratuitamente a productos culturales (exceptuado el precio de la conexión).

No hablaré de quién hace dinero y quién no con internet y con las descargas, no me plantearé si es más o menos legal, ni si se puede o no hacer dinero con internet, ya que constituirían discursos encerrados dentro del marco del discurso dominante. En cambio, voy a analizar la cuestión desde una perspectiva deconstructivista e historicista, que son palabras feas para decir que voy a explicar de dónde viene el concepto de "propiedad intelectual" y de "derecho de autor", planteando la cuestión en términos “emergentes”, es decir en términos completamente extraños a las categorías de pensamiento comúnmente aceptadas: dinero, derechos, propiedad, etc.
Para empezar, yo desterraría el uso de la palabra “piratería”, pues es una manera ideológicamente determinada de definir con una metáfora muy fuerte, lo que es legítimo y lo que no. Y no estoy tan seguro de dónde está la legitimidad. En este sentido los mismos ladrones de los barcos ajenos recibían en el siglo XVI nombre de “corsario” o de “pirata” según las conveniencias.

Propiedad intelectual y derecho de autor o de copia (copyright) están ligados.

El concepto de propiedad intelectual deriva de la idea de querer ganar dinero con la venta masiva de un artefacto cultural repetible (re-producible) y nace junto con el capitalismo mercantil, en una época (siglo XV) en la que empezaba la producción-compra-venta masiva. Es fruto de la mentalidad (o de la ideología) capitalista mercantilista, y la venta masiva no puede desligarse de la reproductibilidad y de la posibilidad/capacidad de difusión masiva de los artefactos intelectuales y culturales.

El derecho de autor no es algo que exista desde siempre. El derecho de autor nace en el siglo XVIII en Inglaterra para controlar la difusión de los panfletos políticos y así proteger a la monarquía (v. Thompson JB, Medios de comunicación y modernidad). La monarquía cobraba a quien publicaba un texto, al editor, inscribiéndolo en un registro y otorgando así el derecho a copiar (copyright) el mismo panfleto, en una época en la que la imprenta permitía ya una difusión masiva de los productos culturales. Era, ni más ni menos, un modo para controlar la difusión de los textos impresos, y de paso reducir un poco la libertad de expresión, ya que no todo el mundo tenía el dinero necesario para pagarse el derecho.

En este sentido el derecho de autor o de copia tiene que ver sustancialmente con la necesidad de controlar el discurso (v. Foucault M, El orden del discurso) y reprimir sus intentos de desviación, controlar el caos. El copyright nace exactamente como medio para controlar, disciplinar, encauzar al discurso y a los discursos, y obviamente a sus autores y a los medios por los que fluye.

Ahora, pues, Internet da miedo, porque es un nuevo medio de creación y difusión de ideas, exactamente como lo fue la imprenta hace 500 años. Pero, dada su dimensión global, Internet es mucho más incontrolable que la imprenta, que operaba en los angostos confines de los estados nacionales. Internet es demasiado abierto, en todos los sentidos. Exactamente como ocurrió con los libros y los periódicos en los siglos siguientes al nacimiento de la imprenta, ahora se hace necesario controlar a Internet: solo así se explican las actuaciones contra Wikileaks, los intentos del Gobierno italiano de Berlusconi por amordazar Internet, la Ley Sinde y el cierre de Megaupload.

Es una cuestión de derechos. Pero de derechos a la libertad y a la cultura.

La lucha por Internet resume, con las novedades y peculiaridades propias del nuevo medio tecnológicamente diferente a los otros, la continua lucha para los recursos. Y la información, mejor dicho, el acceso y el control de la información (autores, contenidos, medios) es uno de los principales recursos mundiales. Históricamente los grupos y las personas que detenían y administraban el poder siempre han controlado o intentado controlar los medios de producción y circulación del saber y sus productos. Los poderosos siempre los han usados de manera funcional a sus propios intereses de clase. Y los autores de los productos culturales (intelectuales, artistas, escritores) siempre han sido orgánicos a las clases hegemónicas burguesas (v. Gramsci A).

Internet lo revoluciona todo. Ahora estamos ante la posibilidad de iniciar una verdadera revolución y re-evolución cultural, que descansa sobre la absoluta y total gratuidad de los productos culturales (si se exceptúa el coste de la conexión).

No es un caso que una de las principales características de la “vida” en Internet sea el intercambio gratuito. En internet no solo se distribuyen y copian “cosas” de los demás: muchísima gente escribe o más en general “crea” y distribuye cosas propias gratuitamente. El espíritu de Internet es el sharing: compartir.

Estamos frente a una revolución y podemos fomentarla o pararla. Yo ya me he posicionado: estoy con los corsarios.

lunes, 16 de enero de 2012

MANUEL FRAGA CARA AL SOL

Por fin Manuel Fraga ha pasado a mejor vida. Y si el paraíso es como a mí me gustaría que fuera, si existiera, por fin ya tiene la cara al sol sin tener que esconderse. Y seguro que le da más el sol ahí que en su casa en Galicia.


De él se dice ahora que tuvo luces y sombras, un lugar común como muchos otros, ya que todo ser humano tiene luces y sombras. Sí me gusta recordar que fue, por lo que se sabe, uno de los pocos políticos incorruptos, austeros, honestos (?). Su verdadero valor político ha sido de haber transportado a la derecha española del franquismo a la democracia. Aunque escuchando a los líderes (y a algunos simpatizantes o votantes) del PP parece que no lo consiguió por completo.

Sin duda fue un protagonista de la vida política española: 60 años, como ministro y embajador franquista y luego como ministro de Juan Carlos I, y luego como presidente de Galicia, diputado y senador.

Nunca condenó al franquismo, como desde luego muchos de sus compañeros de partido y muchos de sus votantes. Pero lo que a mí me recuerda Fraga es sobretodo la tranquilidad con la que la dictadura se ha vuelto una dictablanda, la suavidad con la que personas del régimen franquista han transitado por la democracia española. Fraga es en sí mismo un símbolo de la continuidad de la ideología franquista, una ideología que inevitablemente se ha amoldado a los tiempos y a las contingencias, si bien no siempre, como demuestra, por ejemplo, la posición del PP sobre el aborto. Y de una manera aun más triste demuestra la increíble debilidad del espíritu democrático de los españoles, y su inconsciencia política, ya que han permitido al tirano que los oprimió morir de vejez en su lecho y a uno de sus principales ministros seguir dirigiendo la vida política del país, por muchas luces que tuviera. Extraña incluso más que la elección a diputada de la italiana Alessandra Mussolini, nieta del dictador italiano Benito Mussolini, asesinado y ultrajado por los patriotas (partigiani) italianos. 

A mí, con todo el respeto, me gusta recordar a Fraga como en la foto arriba: aprietando la mano del dictador.

domingo, 15 de enero de 2012

SALVAR LA CARA

Tras el revuelo mediático que había causado el Follonero con su programa y tras las duras críticas llovidas sobre él (como en mi post), era inevitable que los asesores de imagen de Cayetano Martínez de Irujo etc. etc. le aconsejaran un lavado de cara.


Y este lavado de cara ha tenido lugar con gran pompa y con gran difusión mediática, y no sólo en aquella basura que son los medios dedicados al cotilleo, en cuyas páginas o programas el nombre del jinete (que no caballero) suena repetidamente.

La liturgia ha tenido lugar en aquella tierra lorquiana de dolores ancestrales, en la Andalucía de los señoritos y de las tierras ocupadas, bajo la forma de reunión entre el terrateniente y los tierratenidos, entre el que tiene, Cayetano, y los que son tenidos, los jornaleros, que no tienen más que sus brazos para trabajar.

No voy a entrar en detalle sobre lo acontecido, ya que un análisis pormenorizado de sus declaraciones y del asunto darían para un ensayo. Pero sí quiero destacar algo evidente, que a pesar de la excusatio non petita del interesado, se trata de un lavado de cara para salvar la cara (accusatio manifesta). Cayetano hace una demostración pública de arrepentimiento y todos quedan contentos: los medios lo ensalzan, por generoso y comprensivo (regala su tiempo sustrayéndolo a sus ocios y negocios y se deja fotografiar) y los jornaleros mismos se regocijan, por haber recibido un poco de atención y de publicidad de los medios y por haber gozado por un día de la atención de su amo, quien, delante de las cámaras les ha tratado de pares por un día. Amén de que nada cambie a partir del día después. Todo igual, como desde hace siglos.

Este lavado de cara le ha permitido a Cayetano construirse una imagen de amo bueno no sin la complicidad de unos medios de comunicación acríticos, siervos de los poderes de siempre (Iglesia-Monarquía-Gobierno-Capital).

Pero atención, dice Cayetano, con cierta cara dura, todo se quedará como está, pues así son las leyes y él las respeta. Poco importa que las leyes sean injustas. Cayetano puede fotografiarse sonriendo como un actor de Hollywood con los muertos de hambre, tal como hacen otras celebrities, pero dejar algo de lo suyo para los demás no se puede, ya que así son las leyes...y cambiar las leyes...para qué...mejor seguir acusando a los pobres de querer serlo que cambiar las leyes para acabar con la injusticia.