Hoy es el día de la Memoria (Dia Internacional de Recordación del Holocausto), establecido por Naciones Unidas el 1º de noviembre de 2005. Se eligió el 27 de enero, ya que un 27 de enero de 1945 el ejército soviético liberó el mayor de los campos de concentración-exterminio nazis: Auchwitz-Birkenau, el que sería el símbolo del Holocausto judío, gracias también a películas como Shindler’s List del director judío Steven Spielberg. Uno que, como muchos otros, con el holocausto se ha forrado. En este sentido no estaría de más leer a La industria del holocausto, un ensayo crítico escrito por el profesor judío Norman Finkelstein.
La memoria siempre es selectiva y lo que hoy se recuerda ayuda a olvidar muchas cosas. Debo decir, en primer lugar, que estoy convencido de que la cifra de 6.000.000 de muertos es absolutamente inventada y que probablemente dista mucho de la cifra real. También debo admitir que no me interesa demasiado el número en sí, ya que un puñado apenas de muertos asesinados por su creencia religiosa, etnia, el color de su piel, o la lengua hablada, inclinación sexual o nivel socio-económico sería suficiente para escandalizarme. Así que 6, 6.000 o 6.000.000 lo mismo me da. Pero no olvido que el número “seis millones” impresiona mucho y es de por sí solo todo un argumento en favor de la propaganda sionista.
Este punto llevará muchos a pensar que soy un antisemita, como hacía ese compañero mío (judío) de la universidad, para el cual toda crítica al estado de Israel o a la vulgata era un claro índice de antisemitismo. El mismo imbécil no encontraba el más mínimo indicio de “antipalestinismo” en el comportamiento de los israelianos que discriminan a los palestinos por su creencia religiosa y su etnia.
Como habréis entendido estoy claramente en contra de las actuaciones del estado de Israel, pero sin ser antisemita ni odiar a los judíos, ya que creo posible estar en contra de sin ser anti. Simplemente critico algunas de las actuaciones de Israel y, obviamente, el uso estratégico que Israel y los judíos del mundo entero hacen del Holocausto, como una excusa para deslegitimar toda crítica o reproche y para justificar toda actuación hacia o contra otros pueblos.
Debo decir que tengo mis dudas sobre la legitimidad del estado de Israel, fruto de un fraude histórico, legitimado por las cenizas de una tragedia y obtenido con la violencia, ya que, por extraño que pueda parecer ahora, también los judíos ponían bombas para alcanzar sus fines (tener un estado), y tenían también terroristas, aunque ahora les llamen “patriotas”. Pero las cosas son así y las acepto.
Lo que sí digo es que, ya que no se pueden cambiar las cosas (¿dónde meteríamos a los judíos? ¿en Madagascar?), al menos podemos mejorarlas y no aceptarlas sin más. Por ejemplo sí se puede pensar razonablemente que los judíos vuelvan a los confines de 1967, ya que, dicho sea de paso, así lo establece también una resolución de Naciones Unidas. Esto es bastante importante, ya que la Organización de las Naciones Unidas no es un organismo con claros intereses o tendencias antisemitas, por mucho que los judíos se quejen y muy a pesar de que por fin, en 2011, una costilla de ONU como es UNESCO, haya aceptado entre sus miembros a Palestina. Así que Israel podría dejar de colonizar y volver a los confines de 1967. Y de paso podría dejar de violar regularmente los derechos humanos en Palestina.
Solo un sionista o un ciego podrían no ver el acoso al que Israel somete a Palestina. Muros, violencias, segregación, malos tratos, torturas, explotación, marginalización, racismo, en fin, lo mismo que el Holocausto, solo que a una escala más pequeña y sin la organizada especialización que sólo los alemanes podían imaginar y realizar. Hay violencia física o simbólica incluso contra los que ayudan a palestina y a los palestinos, como demuestra el asalto en aguas internacionales a la flota de la libertad que transportaba ayudas humanitarias a Palestina. Israel ha encontrado un argumento incontrovertible en el antisemitismo (algo que por cierto se ha vuelto una verdadera paranoia): cualquiera que diga algo en contra de Israel, es antisemita. De este modo se condenan y desautorizan de antemano cualquier duda o críticas sobre su comportamiento. No dudo de que existan algunos imbéciles que de verdad sean antisemitas, pero, aunque el pueblo de Israel sea “el elegido”, incluso los “gentiles” tenemos un poco de cabeza, y tratarnos a todos como imbéciles antisemitas, sería como si tratásemos a todos los judíos como agarrados usureros.
Otro argumento que esgrimen siempre los defensores de Israel delante de las críticas es que es el único estado democrático en Oriente Próximo. Esto es cierto, pero a mitad.
Es cierto que los estados árabes brillan TODOS por la falta absoluta de libertades individuales y que la democracia israeliana no tiene nada que ver con los gobiernos teocráticos que lo rodean. Pero Israel no es por ello una democracia menos teocrática. Es un país fundado sobre un nacionalismo religioso, donde los ortodoxos tienen un poder tremendo y no dudan en coger las armas (el caso del asesinato de Yitzhak Rabín es solo uno de los muchos ejemplos) o en violar las libertades individuales en nombre de un dios y de una verdad. El último y más sonado ejemplo de una serie infinita es la violencia hacia Naama Margolese, una niña de 8 años, acosada, insultada y escupida por algunos extremistas debido a sus vestimentas consideradas inmorales.
Pero por mucho que los ortodoxos se disfrazasen de judíos presos de los campos de concentración (pijamas de rayas y estrella de David al brazo) para defenderse de las críticas recibidas y justificar su acción, no tienen perdón.
El gobierno de Israel y su política de “estado de guerra” permanente está empezando a cansar incluso a los propios israelianos: basta consultar en Internet los artículos que hablan de los indignados israelianos, hartos de que los gastos militares necesarios para mantener la seguridad, otra paranoia israeliana y verdadero mito, justifiquen la reducción de los gastos sociales y unas violencias abominables hacia los vecinos árabes; una violencia tanto más odiosas en cuanto viene de quienes las sufrieron en sus propias carnes.
Por otro lado en la sociedad israeliana también hay muchos críticos con la política exterior de Israel y hay preocupación hacia la percepción de Israel en el ámbito internacional: la reputación de Israel, pese a los varios Schindler’s List, está empeorando precipitadamente y los asaltos en aguas internacionales a las flotas solidarias pro-Palestina no ayudan nada. Israel es el estado peor valorado al mundo junto con Corea del Norte e Iran (encuesta de la BBC). Esta antipatía retroalimenta por cierto la paranoia antisemita de Israel, y refuerza su victimismo, lo que le permite no replantearse críticamente su política interior y exterior, sino mantenerla: colonización, segregación, victimismo, etc.
Callaré la histórica alianza de Israel con los EEUU, que le permite a Israel actuar en contra de las recomendaciones y las resoluciones de todos los organismos internacionales. Callaré que Israel tiene bombas nucleares, que tiene uno de los mejores ejército del mundo y uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo.
Lo que hoy estamos recordando no debe hacernos olvidar de los muertos negros, árabes, indios, kurdos, armenios, etc. debemos “desjudaizar” el holocausto para convertirlo en un recuerdo permanente de la violencia del hombre sobre el hombre, sustraerlo al control estratégico e interesado de Israel y de los judíos para convertirlo en patrimonio de la humanidad y usarlo en contra de todo genocidio, en contra del genocidio de judíos, gitanos comunistas, minusválidos y homosexuales cometido por los nazis, en contra del genocidio de indios cometido por los españoles en Suramérica, en contra del genocidio de negros cometido por los belgas en Congo, en contra del genocidio de Pielrojas cometido por los ingleses y americanos en Norteamérica, en contra del genocidio de armenios cometido por los turcos, etc. e incluso en contra del genocidio banal y continuado de los palestinos a manos de los judíos de Israel.
Memento.
La memoria siempre es selectiva y lo que hoy se recuerda ayuda a olvidar muchas cosas. Debo decir, en primer lugar, que estoy convencido de que la cifra de 6.000.000 de muertos es absolutamente inventada y que probablemente dista mucho de la cifra real. También debo admitir que no me interesa demasiado el número en sí, ya que un puñado apenas de muertos asesinados por su creencia religiosa, etnia, el color de su piel, o la lengua hablada, inclinación sexual o nivel socio-económico sería suficiente para escandalizarme. Así que 6, 6.000 o 6.000.000 lo mismo me da. Pero no olvido que el número “seis millones” impresiona mucho y es de por sí solo todo un argumento en favor de la propaganda sionista.
Este punto llevará muchos a pensar que soy un antisemita, como hacía ese compañero mío (judío) de la universidad, para el cual toda crítica al estado de Israel o a la vulgata era un claro índice de antisemitismo. El mismo imbécil no encontraba el más mínimo indicio de “antipalestinismo” en el comportamiento de los israelianos que discriminan a los palestinos por su creencia religiosa y su etnia.
Como habréis entendido estoy claramente en contra de las actuaciones del estado de Israel, pero sin ser antisemita ni odiar a los judíos, ya que creo posible estar en contra de sin ser anti. Simplemente critico algunas de las actuaciones de Israel y, obviamente, el uso estratégico que Israel y los judíos del mundo entero hacen del Holocausto, como una excusa para deslegitimar toda crítica o reproche y para justificar toda actuación hacia o contra otros pueblos.
Debo decir que tengo mis dudas sobre la legitimidad del estado de Israel, fruto de un fraude histórico, legitimado por las cenizas de una tragedia y obtenido con la violencia, ya que, por extraño que pueda parecer ahora, también los judíos ponían bombas para alcanzar sus fines (tener un estado), y tenían también terroristas, aunque ahora les llamen “patriotas”. Pero las cosas son así y las acepto.
Lo que sí digo es que, ya que no se pueden cambiar las cosas (¿dónde meteríamos a los judíos? ¿en Madagascar?), al menos podemos mejorarlas y no aceptarlas sin más. Por ejemplo sí se puede pensar razonablemente que los judíos vuelvan a los confines de 1967, ya que, dicho sea de paso, así lo establece también una resolución de Naciones Unidas. Esto es bastante importante, ya que la Organización de las Naciones Unidas no es un organismo con claros intereses o tendencias antisemitas, por mucho que los judíos se quejen y muy a pesar de que por fin, en 2011, una costilla de ONU como es UNESCO, haya aceptado entre sus miembros a Palestina. Así que Israel podría dejar de colonizar y volver a los confines de 1967. Y de paso podría dejar de violar regularmente los derechos humanos en Palestina.
Solo un sionista o un ciego podrían no ver el acoso al que Israel somete a Palestina. Muros, violencias, segregación, malos tratos, torturas, explotación, marginalización, racismo, en fin, lo mismo que el Holocausto, solo que a una escala más pequeña y sin la organizada especialización que sólo los alemanes podían imaginar y realizar. Hay violencia física o simbólica incluso contra los que ayudan a palestina y a los palestinos, como demuestra el asalto en aguas internacionales a la flota de la libertad que transportaba ayudas humanitarias a Palestina. Israel ha encontrado un argumento incontrovertible en el antisemitismo (algo que por cierto se ha vuelto una verdadera paranoia): cualquiera que diga algo en contra de Israel, es antisemita. De este modo se condenan y desautorizan de antemano cualquier duda o críticas sobre su comportamiento. No dudo de que existan algunos imbéciles que de verdad sean antisemitas, pero, aunque el pueblo de Israel sea “el elegido”, incluso los “gentiles” tenemos un poco de cabeza, y tratarnos a todos como imbéciles antisemitas, sería como si tratásemos a todos los judíos como agarrados usureros.
Otro argumento que esgrimen siempre los defensores de Israel delante de las críticas es que es el único estado democrático en Oriente Próximo. Esto es cierto, pero a mitad.
Es cierto que los estados árabes brillan TODOS por la falta absoluta de libertades individuales y que la democracia israeliana no tiene nada que ver con los gobiernos teocráticos que lo rodean. Pero Israel no es por ello una democracia menos teocrática. Es un país fundado sobre un nacionalismo religioso, donde los ortodoxos tienen un poder tremendo y no dudan en coger las armas (el caso del asesinato de Yitzhak Rabín es solo uno de los muchos ejemplos) o en violar las libertades individuales en nombre de un dios y de una verdad. El último y más sonado ejemplo de una serie infinita es la violencia hacia Naama Margolese, una niña de 8 años, acosada, insultada y escupida por algunos extremistas debido a sus vestimentas consideradas inmorales.
Pero por mucho que los ortodoxos se disfrazasen de judíos presos de los campos de concentración (pijamas de rayas y estrella de David al brazo) para defenderse de las críticas recibidas y justificar su acción, no tienen perdón.
El gobierno de Israel y su política de “estado de guerra” permanente está empezando a cansar incluso a los propios israelianos: basta consultar en Internet los artículos que hablan de los indignados israelianos, hartos de que los gastos militares necesarios para mantener la seguridad, otra paranoia israeliana y verdadero mito, justifiquen la reducción de los gastos sociales y unas violencias abominables hacia los vecinos árabes; una violencia tanto más odiosas en cuanto viene de quienes las sufrieron en sus propias carnes.
Por otro lado en la sociedad israeliana también hay muchos críticos con la política exterior de Israel y hay preocupación hacia la percepción de Israel en el ámbito internacional: la reputación de Israel, pese a los varios Schindler’s List, está empeorando precipitadamente y los asaltos en aguas internacionales a las flotas solidarias pro-Palestina no ayudan nada. Israel es el estado peor valorado al mundo junto con Corea del Norte e Iran (encuesta de la BBC). Esta antipatía retroalimenta por cierto la paranoia antisemita de Israel, y refuerza su victimismo, lo que le permite no replantearse críticamente su política interior y exterior, sino mantenerla: colonización, segregación, victimismo, etc.
Callaré la histórica alianza de Israel con los EEUU, que le permite a Israel actuar en contra de las recomendaciones y las resoluciones de todos los organismos internacionales. Callaré que Israel tiene bombas nucleares, que tiene uno de los mejores ejército del mundo y uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo.
Lo que hoy estamos recordando no debe hacernos olvidar de los muertos negros, árabes, indios, kurdos, armenios, etc. debemos “desjudaizar” el holocausto para convertirlo en un recuerdo permanente de la violencia del hombre sobre el hombre, sustraerlo al control estratégico e interesado de Israel y de los judíos para convertirlo en patrimonio de la humanidad y usarlo en contra de todo genocidio, en contra del genocidio de judíos, gitanos comunistas, minusválidos y homosexuales cometido por los nazis, en contra del genocidio de indios cometido por los españoles en Suramérica, en contra del genocidio de negros cometido por los belgas en Congo, en contra del genocidio de Pielrojas cometido por los ingleses y americanos en Norteamérica, en contra del genocidio de armenios cometido por los turcos, etc. e incluso en contra del genocidio banal y continuado de los palestinos a manos de los judíos de Israel.
Memento.

