Por fin Manuel Fraga ha pasado a mejor vida. Y si el paraíso es como a mí me gustaría que fuera, si existiera, por fin ya tiene la cara al sol sin tener que esconderse. Y seguro que le da más el sol ahí que en su casa en Galicia.

De él se dice ahora que tuvo luces y sombras, un lugar común como muchos otros, ya que todo ser humano tiene luces y sombras. Sí me gusta recordar que fue, por lo que se sabe, uno de los pocos políticos incorruptos, austeros, honestos (?). Su verdadero valor político ha sido de haber transportado a la derecha española del franquismo a la democracia. Aunque escuchando a los líderes (y a algunos simpatizantes o votantes) del PP parece que no lo consiguió por completo.
Sin duda fue un protagonista de la vida política española: 60 años, como ministro y embajador franquista y luego como ministro de Juan Carlos I, y luego como presidente de Galicia, diputado y senador.
Nunca condenó al franquismo, como desde luego muchos de sus compañeros de partido y muchos de sus votantes. Pero lo que a mí me recuerda Fraga es sobretodo la tranquilidad con la que la dictadura se ha vuelto una dictablanda, la suavidad con la que personas del régimen franquista han transitado por la democracia española. Fraga es en sí mismo un símbolo de la continuidad de la ideología franquista, una ideología que inevitablemente se ha amoldado a los tiempos y a las contingencias, si bien no siempre, como demuestra, por ejemplo, la posición del PP sobre el aborto. Y de una manera aun más triste demuestra la increíble debilidad del espíritu democrático de los españoles, y su inconsciencia política, ya que han permitido al tirano que los oprimió morir de vejez en su lecho y a uno de sus principales ministros seguir dirigiendo la vida política del país, por muchas luces que tuviera. Extraña incluso más que la elección a diputada de la italiana Alessandra Mussolini, nieta del dictador italiano Benito Mussolini, asesinado y ultrajado por los patriotas (partigiani) italianos.
A mí, con todo el respeto, me gusta recordar a Fraga como en la foto arriba: aprietando la mano del dictador.
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