Es increíble que a hablar de mujeres siempre sean los hombres. Más increíble aún es que lo haga un hombre que no tiene nada de feminista, un paternalista fascista y clericalista (católico). La última ocurrencia del Ministro de Justicia es de reformar la ley sobre el aborto. Al ministro, de acuerdo con la ideología que representa, no le bastaba con conceder indultos a los ladrones de guante blanco y a los corruptos a la vez que pretende endurecer las penas contra los inmigrantes, los ladrones de gallinas o de cobre, los mendigos o los manifestantes, etc.
La Gallardona sabe perfectamente de qué mano come y debe devolver algunos favores. Debe concederles favores a los patrones, a la Iglesia Católica y a la Monarquía. Ahora, su última ocurrencia es que hay que cambiar la ley del aborto para defender a las mujeres, para protegerlas, para garantizar sus derechos, dice la Gallardona. Pero en realidad los derechos de las mujeres no le importan nada. Si de verdad le importasen, las dejaría en paz, dejándolas libres de tomar decisiones que sólo ellas pueden tomar, y entender, con todo el dolor y la dificultad que entrañan. La imagen de la mujer que aborta con indiferencia o hasta placer es típica del machismo fascista católicista. De la misma parroquia viene el paternalismo de quien quita un derecho con la excusa de defender a la persona a la que se le quita el derecho. Se trata de meter a las mujeres en condiciones de tener los hijos, dice la Gallardona. Pero olvida que hay que poner a las mujeres en condición de tener hijos, si éstas los quieren tener. En ese caso, y sólo en ese caso, hay que proporcionarles dinero, subvenciones, ayuda, asistencia, pisos de protección oficial, etc. Pero de esto no ha dicho nada. Nada de dar, sólo habla de quitar (derechos). Callaré las tonterías que dice sobre la esencia de la mujer como madre, ya que ya le han respondido algunas mujeres y mejor de lo que pudiera haber hecho cualquier hombre.Sin embargo a mí eso de no dejarles a las mujeres la libertad de abortar, y de obligarlas a tener hijos, me asusta bastante, sobre todo dados los precedentes en España: pienso en el robo de niños de madres solteras; un robo perpetrado con la complicidad de la Iglesia Católica del Régimen Franquista.
Dicho sólo sea de paso que dar la libertad de abortar (a ciertas condiciones) no implica de ningún modo preferir el aborto al nacimiento, ni fomentar los abortos, del mismo modo como dar la libertad de beber alcohol no implica de ningún modo preferir la borrachera a la sobriedad. Pero la Gallardona debe defender los intereses de la plana mayor de la Iglesia católica y, emborrachado por la fe, pierde de vista la realidad. Y la realidad es que la ley española es exactamente igual a las de todos los demás países europeos. Pero para la España del PP, en manos de la Monarquia, de los Patrones y de los Curas, para esta España que empieza a volver rápidamente hacia atrás, incluso Europa parece demasiado moderna.
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